Lenguaje estándar

En la ejecución musical es muy importante tener en cuenta qué implica usar un lenguaje estándar. Como en la comunicación oral o escrita, necesitamos de unas pautas básicas para que nuestra interpretación cumpla unos mínimos de “formalidad” y “calidad”. Estos requisitos indispensables son, a mi juicio, la afinación, el timbre, la articulación, el ritmo, la adecuación al estilo y el contexto.

Debemos trabajar la afinación de los sonidos, bien en relación con los demás intérpretes -pactando nexos comunes- o con nosotros mismos -a través de la exactitud de los intervalos. Además, cuidaremos el timbre, entendiéndolo como la cualidad del sonido determinada por el efecto perceptivo que produce en los oyentes (DRAE).

La articulación -circunscrita a la diversidad de ataques y conexiones- y el ritmo -concretado en las pautas métricas, de tempo y de carácter- determinarán la manera en que nos comunicamos. Y la adecuación al estilo y al contexto culminarán la excelencia de nuestro discurso musical, marcado por un profundo respeto a la partitura y a todos los elementos perimusicales que la envuelven y por una comprensión del espacio y del momento en los que actuamos.

De tal modo, conseguiremos expresarnos con un lenguaje, propio pero a la vez común, que nos capacitará para que diversidad de audiencias nos comprendan y, sobre todo, para no defraudar el espíritu de la creación, determinado, en gran medida, por la voluntad artística del autor.

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